En estos últimos años el viajar por el cielo es casi una normalidad, lugares tan visitados son los aeropuertos grandes y pequeños, atravesando el océano y mares.
Un viaje entre nubes, altitudes, atravesando los horizontes, que dejan de ser solamente geográficos ya que al llegar a un nuevo destino son ya horizontes atravesados, que dejaron detrás los limites de la mirada y de la distancia.
De cada viaje podría escribir y describir distintos encuentros tanto internos como externos, un viaje entre mis pensamientos del partir, un viaje dentro de mis emociones por lo que deja y por lo que le espera, en ocasiones hay la certeza del encuentro en otras ocasiones la incertidumbre de lo que pueda pasar.
Hoy el recuerdo del ultimo viaje transoceánico regreso a mi mente como una visita, que dejo una reflexión profunda. En la escala de Madrid a Roma, cambie mi vuelo (gentil sugerencia de una azafata, que previamente en el largo viaje de al menos 11 horas, me hablo de su trabajo y me dono esta sugerencia).
Es en el espacio de tiempo llamado "espera", en la puerta de embarque, en un aeropuerto como el de Barajas, donde es necesario llegar cuanto antes a la puerta que te llevará a tu próximo destino, de otra manera las probabilidades de perder el vuelo y quedarte en Madrid son muy altas.
Es en ese "anticipado tiempo", en ese "previsto tiempo", en ese espacio donde en un simple esperar, me pareció reconocer una joven proveniente de mi país, el reconocerlo fue fácil por una bolsa de un supermercado. Me pareció que con su mirada quería hablarme y ciertamente quería estar segura que se encontraba en el lugar correcto que conectaría su próximo vuelo.
La llamaré Maria José, a la persona que me compartió parte de su vida y que ayudo a reflexionar aun mas sobre el misterio de la vida. La maravilla y la perdida.
Supe que era la primera vez que venia a europa y que en esta ocasión llevaba consigo el amor de su vida hasta ese momento, me regalo una hermosa historia: real y mágica al mismo tiempo.
En esa historia me hablo de la fragilidad, de los sueños realizados y también de aquellos que no lo fueron, porque un destino tragico lo llevo a su amor a tocar otras inmensidades no conocidas por aquellos que aun vivimos en esta tierra.
En su relato me hablo de la Verdad, pude mirar la luz del Amor, que traspaso lo corporeo, lo palpable y dejo lo trasparente, inmaculado, lo espiritual.
Fueron una pareja que compartieron un poco mas de dos años, un joven que venia de la vieja europa, cansada, traía consigo el peso de su sociedad, sus últimos años los había vivido en la artistica y anaranjada ciudad del arte, antes de dar su paso a la latitud cero, donde esta alma renació.
Maria José me hablo de Joaquin, que ahora lo traía en sus manos, lo cargaba en sus hombros, lo llevaba en su corazón, lo podía mirar en sus ojos.
Un larga y breve historia, que me hablo de amor, del misterio, de lo efímero, de lo eterno, del poseer y del perder para tener...
No hay comentarios:
Publicar un comentario