lunes, mayo 12, 2008

historia del puentero Toni

Me permití colocar parte de un relato de Toni el puentero, un hombre que inspira mi vida, que le pone color y mucho amor a lo que hace!
Lo coloco para que lo disfruten tanto como yo

El Puente del Xe Noy --

Savannakhet, Laos, 10 de mayo del 2008

Son las cinco de la madrugada en el pueblo Na Than en el Xe Noy - el Río Noy - en Laos. Las mujeres se levantan primero, tocando ligeramente a sus hijas para que las sigan. Apenas si
se ven las sombras de sus siluetas que abandonan silenciosamente la ancha habitación donde todos duermen en el piso de madera. Cada una coge su palito de bamboo y dos baldes. Hábilmente bajan la empinada escalera de gallina al suelo donde toman el caminito hacia el Xe Noy y así traer el agua para el día.

En la casa sobre palos, los otros niños despiertan, uno tras otro. Un mosquitero comienza a moverse, una delgada cobija es botada a un lado y salta en pie, Piyá.

“Arriba, arriba!”, lo sacude a Nong Sá, su hermano menor.
“Ven conmigo! Rápido!”

Anoche algo pasó. Piyá había escuchado a los hombres hablar afuera, en el piso de madera, donde todos comían y conversaban animadamente. Entre ellos había incluso un ¡extranjero!
Piyá y Nong Sá corren a través del pueblo. Bajo las casitas de madera construídos sobre palos, los puercos, patos y gallinas están buscando trocitos de comida.
“Adónde vamos?” grita el hermanito, alborotado y fuera de aliento.
“Al Wat!” sonríe de oreja a oreja el de 10 años, saltando un charco.









“¿Al templo?” Nong Sá se detiene de golpe. “¿A qué nos
vamos al templo?”


“Ven, ven! Tenemos que ir a ver!”


Momentos más tarde, después de cruzar casi el pueblo entero, llegan a las gradas de madera para entrar al jardín del Wat.
Piyá escruta el área como si supiese exactamente lo que está buscando. Entonces salta las gradas y corre hacia la derecha del patio, pasando por la casa de los monjes. Se para en la plataforma de roca, a pocos pies del filo, alto sobre el río.


“Aquí!”, sus ojos grandes de asombro. “Es verdad!”
“¿Qué es verdad?”, Nong Sá jadea.
“Los palitos! Los 12 PALITOS, hermanito!”
“Yo veo solo ocho”, después de contar lentamente los palitos de bamboo, arreglados cuidadosamente en el suelo, clavados como para marcar dos cuadros. Pero Piyá ya corrió hacia la parte trasera del patio, cerca de la casa de los monjes.
“Aquí están los otros cuatro!” grita triunfante, bailando alrededor de los palitos de bamboo, estos más separados, en un cuadro grande.
“¿Qué es esto, hermano? ¿Qué significa?”
“El puente, Nong Sá! ¡El PUENTE! ¡Van a construir el puente!”
Y entonces le cuenta a su hermano menor lo que anoche había escuchado a través de la pared de madera, justo antes de quedarse dormido.

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