El soneto de tu voz lo escribí hace unos días. Y después viajó invisiblemente. Alguien se encargó de escribirlo nuevamente de su puño y letra. Tal vez pensando que así una parte de mi soneto se confundió con ella. Y tomó el soneto y se lo llevó a Isla Negra. El soneto que lleva gran parte de los niños. De mis queridos estudiantes. De mis ausencias. De mis olas. Se lo llevó a Isla Negra, pero no a cualquier parte. No. Sino a la arena y rocas donde está enterrado Pablo Neruda. Qué hermoso homenaje. Qué coincidencia. La más hermosa y bella de las felicidades. Algo vale mucho más que la eminente sonrisa de una tibia mañana. Y me hizo recordar aquello que escribiera en una mañana del 20 de diciembre de 2005, allí mismo:
"Siempre fui fiel a la palabra
siempre fui fiel al silencio
heme aquí en Isla Negra"
Es algo que vuelvo a decir. Hoy. Después de tantos años. Cuando alguien ha llevado mi poesía a las olas de Isla Negra.
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