Si, hoy entiendo que este momento me quiere hablar, quiere comunicarse conmigo, reflexiono lo vivido... ¿quién soy? ¿qué dije? ¿qué calle? cuanto murmuré, porque apenas podía tartamudear unas pocas palabras cuando se trata de expresar sentimientos.
Hoy soy un poquito más grande, hoy crecí, hoy puedo empezar a reír, aunque el nudo de la voz aún exista... pero con la mente puedo conducirla a la risa... a que recuerde con ironía y no con tragedia.
Que recuerde las lecciones con una sonrisa y no con amargura, puedo ahora darme cuenta de mi camino, de como silenciosamente me atreví a jugar con mis inseguridades a ir más allá de mis miedos... fue lindo también el estar anclada, enraizada cómo un árbol de esos firmes, de aquellos que no mueren.
Desde ayer me volvió el deseo de escribir de comunicar, de expresar, ahora entiendo aquello que me decía... que había dejado de escribir... ahora entiendo. Y puedo darle el gracias porque su partida provoca mi inicio por estas letras, ha hecho revivir aquello que se mantenía ahí... sin tocarse... no quería mezclar los idiomas y hoy aunque mi cabeza sienta el dolor del abrirse a más lenguas, vive en un lugar donde no hablan su lengua, estudia otra lengua que no es ni la suya ni la del lugar y piensa y siente mezclado... Que grande unión y mezcla, pero ya no le tiene miedo, ahora lo vive y acepta este proceso haciéndolo suyo.
Claro, la calma viene del darse ese espacio de detenerse, de no caminar, de mirar, de anclarse a mirar. A observar a escuchar.
Lo más bello son los pensamientos que provienen de horizontes lejanos, de todos aquellos horizontes que habitan en mi mente.
Cuantos he visto y cuantos he vivido... tengo tanto que contar de los viajes del 2012, de las visitas realizadas en particular por tierras venezolanas, esas que están escondidas, muy poco visitadas...
Las playas de los ticos, que hablan de naturaleza y el Panamá que muestra la mezcla de la mezcla el ser el canal que hace el enlace entre los océanos, entre el norte y el sur, una tierra que habla de calor, camaradería y búsqueda de identidad.
Aquel Ecuador que me vio nacer y que amamanto, me arrulló, me destetó, me abrió los ojos, me hizo sentir, dolerme, preguntarme, curiosear, soñar y perseguir... Anhelar... No se cuanto te hago esperar tierra mía, parece que me hiciste nacer tuya, para darme el caminar por el mundo, me preparaste y me esperas. Pero tierrita mía no eres celosa, me dejas que parta y siempre me recibes... Podría preguntarme ¿porque el privilegio de nacer ahí? Podría haber nacido en otro lugar y no.
El encuentro de mis padres se dio ahí en un lugar que no era suyo, pero que lo hicieron suyo. Al darnos la vida ahí.
Hoy escribo desde una isla, apartada de los continentes, donde llega el viento del norte llamado el maestral y el sciroco del sur africano, ambos traen polvo, pero también brisa y fuerza del viento.
Comienzo a unirme a la tierra, a la pacha, alla terra! Que me hospeda, al mirar sus rocas, escuchar el rumor de las gaviotas, el sorprenderme de encontrar un árbol gigante con una raíz y inicio del tronco de 3 metros... eso me habla de pasado que persiste y que da sombra y paz a su alrededor.

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