Lo sucedido con el referéndum suizo donde el 57% de la población voto por la prohibición a construir minaretes (Torres de las mezquitas), generó un malestar, un sinsabor, una inquietud en la mayor parte de la población humana.
La globalización se entiende como un proceso que no se basa solo en abrir los mercados al mundo entero, es decir los adelantos en cuanto al desarrollo técnico y económico, si no tambien esta basado en un proceso de desarrollo social y cultural.
En los diversos continentes convivimos personas de distintos países, un hecho frecuente es visitar la Universidad en Chile y encontrarse con estudiantes franceses, alemanes, estado unidenses, italianos, koreanos, israelitas, chinos, etc. En Chile existen desde hace mucho tiempo e inclusive podríamos decir que desde siempre muchos negocios o actividades están representadas por distintas culturas diversas, podemos tomar como ejemplo los negocios de telas pertenecientes a las familias árabes, actualmente los negocios textiles pertencen mayormente a ciudadanos de origen coreano y si se compra al por mayor en todo el mundo se encontrará productos hechos en China.
Este fin de semana me encontraba en Florencia de paseo y en una tienda de vestidos de Gucci (donde es reconocida la calidad y sus precios elevados), pude observar que quienes compraban en la tienda eran personas de las mas nacionalidades pero con el poder adquisitivo suficiente para pagar por la calidad de estos productos.
Si el mercado es un lugar de encuentro e de intercambio, donde básicamente se intercambian objetos, pero no podemos olvidar que estos mercados están inmersos en ciudades, en naciones, en los cuales estos no representan simple mercados de transacción, si no que tienen su identidad representan lugares de encuentro, es necesario dar espacio al intercambio de culturas, saberes, religiones, ideas, como una manera de enriquecerse como individuos y no solo una riqueza de objetos que nos deja un sin sabor y vacio.
A continuación presento un extracto del articulo del profesor Piero Coda publicado originalemente en italiano en La Repubblica.it El titulo del articulo es: “Porqué el occidente no debe tener miedo”, Coda, explica este referendum como un resultado muy claro de superficialidad cultural, la manera de ver como nuestras sociedades están afrontando uno de los fenomenos más grandes y desafiantes de nuestro tiempo.
Se está dando una profunda mezcla de las cartas en lo que concierne a la co-vivencia entre pueblos, culturas, experiencias solicales, religiones.
Actualmente este hecho que siempre ha estado presente asume nuevas caracteristicas, es una pena tener que afrontar este desafìo ya que significa que no estuvo superado previamente.
La experiencia de este referendum nos dice de hecho lo que debemos y no debemos hacer, en virtud de la tradición cultural y juridica en la cual tiene la civilidad occidental y en referencia al inedito golpe en nuestra puerta sin negar el positivo de las adquisiciones que con fatiga hasta aqui alcanzadas, a la convivencia civil y al asento jurìdico de nuestra sociedad.
No es posible legislar impediendo la legitima expresión publica de las diversas fe religiosas, las cuales no pueden en nada derogar las normas fundamentales y reconocidas de la sociedad en la cual se explican, pero que no pueden ser relegadas al àmbito del privado, es esto la ganancia irenunciable de la civilidad occidental.
Un aporte decisivo de la fe cristiana y de la cultura que en ella se inspira, al tenor de la historia donde se combatieron batallas, con resistencia en ambos frentes, pero al fin de todo se vuelve al principio:"Dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar", se ha convertido para el estado moderno y para la iglesia un principio inderogable.
Es verdad que las diferencias no faltan y son tambien relevantes, pero la contraposición de exclusión, no favorece más la evolución de datos positivos presentes en un dado sistema cultural y social.
En el referendum de los minaretis se enfatiza una insuperable contradicción: Aquella de quien quiere gozar de todos los beneficios de la globalización a nivel material, sin abrirse al riesgo pero tambien a la ganancia cultural que esta produce.
Esta frontera cultural debemos atraversarla juntos, ayudandonos los unos con los otros, con apertura y juntos con rigor, a quitar de raiz toda forma de tentación fundamentalista omologadora, promoviendo con aquellos que no tienen ninguna tradición religiosa, a una laicidad madura que haga un espacio propicio de dialogo y encuentro, en el marco de respeto de la dignidad y los derechos de las personas.
Sin ser indulgente a un falso irenismo que coloca en el mismo plano todas la convinciones, lo que en realidad vuelve indiferente la una hacia la otra, inibiendo la inagotable busqueda del bien, de verdad y de paz que mueven la conciensa y la libertad hacia horizontes siempre màs ricos y conmpartibles.
Vivir en europa como en en paises islamicos, no solo para quien pertenece a una fe religiosa, dejar de lado la propia identidad de sonar idealmente una utopia, pero testimoniar con coerencia y sin descuentos la propia apertura hacia Dios y la propia responsabilida hacia el otro ser humano.
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